viernes, 11 de noviembre de 2011

Todos somos la Pepa

Un día como cualquier otro para muchos, pero no para todos. Con un calor pesado y húmedo, y el sol que aún a las 5 de la tarde parece no querer marcharse de esta plaza este 5 de noviembre.

Uno por uno van llegando a Plaza de Mayo, muchos a pie, otros en subte, algunos bajan del colectivo agitando sus banderas con los colores del arcoiris de un lado al otro. Curiosos se suman a ver qué pasa. Mujeres y hombres, grandes y jóvenes, algunos niños de la mano de sus padres, también lucen los mismos colores; los colores de su orgullo.

La plaza se va llenando de a poco, la gente se sienta en los bancos o simplemente en el pasto, otros parados charlan en grupos mientras de fondo se escucha una banda de rock. Este es el día del orgullo gay y todos están ahí para festejarlo, no importa su condición sexual, todos están presentes.

“Para mi venir es un compromiso con la comunidad gay, que sea visible, que se note que también existimos”, dice Facundo, un muchacho de 30 años. Otros en cambio piensan que solo es una fiesta y van a divertirse y a pasarla bien entre amigos. Aprovechan la ocasión para tomar algo, que va desde el mate a la cerveza, y conocer gente nueva.

A las 7 de la tarde empiezan a marchar hacia el Congreso, cada vez son más y aún sigue sumándose más gente. Van en carrozas, en bicicletas y a pie por la calle. Y no sólo es un festejo, es una lucha, por sus derechos, por la adopción conjunta y la Ley de identidad de género.

“La mataron por lesbiana”, se escucha que empieza a hablar una mujer sobre el escenario ubicado frente al congreso, pasadas las 9 y media de la noche. Grita, con indignación, con tristeza, con amor, “a mi hija la mataron por lesbiana”. La señora que se encuentra hablando frente a miles de personas es Graciela Vázquez, la madre de Natalia “Pepa” Gaitán, una mujer lesbiana de 27 años que fue asesinada en la ciudad de Córdoba de un escopetazo en la espalda, por el padre de su novia.

La madre, con el micrófono en mano, habla con dolor, con el dolor de una madre que perdió a su hija, y que aún así sigue luchando contra la homofobia, sigue buscando justicia para muchas y muchos otros. “Me la mataron a la Pepa”, repite. En toda la plaza se escuchan aplausos, gente que llora conmocionada por sus palabras. La pepa está presente.

El día del orgullo gay demuestra que no solo es una “fiesta bizarra” como piensan muchos, es una lucha, una reivindicación de sus derechos, un acto de visibilidad, de que digan “acá estamos y tenemos los mismos derechos”.

“Natalia Gaitán, ¡Presente!”, grita la mujer con todas sus fuerzas, y la multitud corea detrás “¡Presente, ahora y para siempre!”.

lunes, 7 de noviembre de 2011

(1)

No me importa escuchar

muchas palabras


No me interesa

un abrazo

por más que calme

Si hay detrás

un cuchillo que me apunta


Siento, como se hunde

La verdad en mí


(2)

La bala entra

me atraviesa, sale


Deja a su paso

una grieta

una herida


Será acaso

que luego

cambio